DOÑA QUIJOTA DE LAS NIEVES

 El Don Quijote femenino de Anna jonsson es una mujer con vestido rojo que desfallece bajo el peso de una columna de sesenta y un libros apilados. Los libros son mas altos que ella, pero quien sabe si no forman parte de su ser mas verdadero. El abrazo que los reúne -61 libros, una mujer agobiada- lanza un grito hacia el espectador. La obra se titula abrázame fuerte, y yo oigo la columna de libros pedir ese abrazo a la mujer, que le corresponde. Claro, lo normal es opinar que es la mujer la que pide, desde este título, el abrazo vigoroso. Pero de ¿quién? ¿Del amor imposible que narran los libros? Las novelas sentimentales engañosas que las adolescentes posrománticas (antes des ser posmodernas) hemos leído, nosotras jóvenes de la generación de la autora de esta obra, nos han maleducado sentimentalmente hablando. En ciertos casos, esas novelas incluso nos han hecho un daño irreparable. En otros tiempos, eran las novelas de la caballería las que desbarataban los cerebros masculinos. Los tiempos cambian, las pocas verdades de la especie humana permanecen. Y el arte sigue siendo su mejor -¿su unica?- forma de expresion.

Esta misma mujer arquetípica (sin necesidad de referirse a C. G Jung) pasa de la profesión de "Bibliotecaria Desesperada" a la Dama de corazones. Pudimos contar los libros, pero resulta imposible saber exactamente cuántos corazones de piedra roja han lapidado y aniquilado a esa mujer pura (su vestido indica su inocencia) que, aunque se haya teñido el pelo entre una y otra escena, es la misma desgraciada y conmovedora victima.

 Anna Jonsson es un punto de interrogación en el panorama actual del arte español. ¿De dónde viene? No me refiero a su origen geográfico, sino al cultural.[...] Su origen verdadero es la Fuerza subconsciente que la impulsa a crear unas obras unitarias en cuanto a la técnica y temática. Ese estilo propio, reconocible, personal, completamente original, me recuerda a todos esos músicos y compositores que no pertenecen a ninguna tendencia ni escuela, que son ellos mismos, sencillamente, que rechazan etiquetas y a los que se llaman "los raros" (véase o mejor: escúchese, el programa de Juan Manuel Viana, Los raros, en Radio Clásica RNE).

[...] Sus mujeres son el eterno femenino [...] ese Yin que todo artista lleva dentro, incluso los artistas varones. Son la música callada de la feminidad. De hecho, Anna se niega a hablarnos de ellas, a decirnos cómo las modela en su barro primordial, cómo las cuece en su horno de alquimista, cómo las pinta con temple al huevo. Esta técnica milenaria a la recurre la artista ennoblece su obra con el contacto de la mano. En nuestra época en la que los artistas eligen lo nuevo, lo tecnológico, lo fácil, por incapacidad, no nos engañemos, porque es complicado esculpir bien, pintar bien, escribir un buen poema, componer una hermosa sinfonía que suene a algo... en nuestra época, hay que rendir un homenaje muy especial a los escasísimos artistas que se comprometen a fondo con su propio arte, con su materia artística. Anna Jonsson ha elegido el barro pintado, la poesía tridimensional policroma. El arte verdadero todavía existe. Todavía es posible. Todavía respira.

Desde su refugio o guarida (al escondite), la artista es completa y autosuficiente: ella piensa, crea (Poiesis), y realiza materialmente sus obras, es hacedora de objetos (demiurgo). Su arte es arte verdadero. No necesita ser traducido a otro idioma para que lo podamos entender. La poesía de los títulos de sus obras se añade a la poesía de las formas y de los colores. Anna no tiene porque explicar nada a nadie sobre sus obras, su vida, sus ideas. Nos toca a nosotros hacerlo, porque no estamos a la altura de su "música callada", a la que ya he aludido. Su talento es inefable. Hablar de él, y de ella, es reducir, simplificar, desvirtuar.

Mejor seria prestar -todo oídos- a la "soledad sonora" de cada escultura por separado. Yo escucho, por ejemplo, Abrázame fuerte que me dice esto: "No me cerréis vuestras puertas, orgullosas bibliotecas. Porque lo que faltaba en vuestros anaqueles tan surtidos, y de lo que se tiene gran necesidad, yo lo traigo." (Walt Whitman).

Y las Musas,obra obra tetralógica, quién sabe si wagneriana a su manera, en todo caso explícita alegoría del destino de la mujer que busca realizarse en la maternidad (se subtitula muy juiciosamente angustias, concepción, martirio y dolores: toda una declaración también en cuanto al alumbramiento de la obra de arte), las cuatro hijas de Mnemosina vestidas de campanas oblongas me dicen: "somos tímidos ensayos de una sintaxis superiormente expresiva, que nos permitiese decir algo de lo que en nosotros sufre misteriosamente" (Juan Eduardo Cirlot).

Dejemos, sí, que nos canten o nos lloren al centro emocional superior de nuestro real ser las obras de Anna Jonsson. Es el destino de todo lo bueno. Y recordemos que el arte auténtico dice de mil y una maneras distintas las cuatro o cinco verdades eternas del ser humano. Porque "el arte no puede ser moderno: el arte es terno" (Egon Shiele).

Veronika Almaida Mons

Doctora en Filología Hispánica

Licenciada en Ciencias de la Información y Filología Francesa

Artista pluridisciplinar
 

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